El mercado de los videojuegos se está desangrando en este inicio de 2026. Los datos no mienten: las ventas directas de juegos han caído un 18% interanual. No es que hayamos dejado de jugar, es que hemos dejado de «comprar». La realidad es que el modelo de pagar 80 euros por un lanzamiento se está quedando para los románticos o para los «Triple A» masivos que salen una vez al año.
El «Efecto Alquiler»: Pan para hoy, hambre para mañana
Seamos claros: nos han acostumbrado mal. Con servicios de suscripción que te dan 500 juegos por el precio de un menú de comida rápida, la percepción de valor del videojuego se ha ido al suelo. Ya no ahorramos para ese título que tanto esperamos; simplemente miramos qué hay de nuevo en el catálogo del mes.
Pero ojo, porque esto tiene una cara B que nadie te cuenta. Estamos pasando de ser dueños de nuestra biblioteca a ser simples inquilinos. En el momento en que dejes de pagar la cuota o una licencia caduque, tu colección vale cero. No tienes nada. Esa es la verdadera crisis de 2026: la muerte silenciosa de la propiedad privada en el gaming.
Algoritmos en lugar de instinto
Con la llegada de perfiles expertos en IA al mando de las grandes divisiones, el juego ha cambiado. Ya no se busca que un juego sea «bueno» y que la gente lo compre por el boca a boca; se busca que sea «adictivo» para que el algoritmo te lo mantenga en la pantalla principal.
La IA está empezando a decidir por nosotros qué debemos jugar para que las horas de conexión no bajen. Esto está canibalizando a los estudios medianos y a los indies que no tienen el músculo financiero para entrar en estas plataformas. Si no estás en la lista de recomendados del algoritmo, no existes.
¿Hacia dónde vamos?
Si las ventas siguen cayendo a este ritmo, el futuro del hardware también va a cambiar. Se rumorean consolas híbridas de precios prohibitivos (se habla de 1200 euros para 2027) que básicamente serán terminales de lujo para consumir servicios.
Desde nuestra perspectiva, la cosa está clara: la tecnología debe sumar, no restarnos derechos como consumidores. El gaming siempre ha sido una pasión basada en elegir qué quieres jugar y cuándo, no en ser un punto de datos en una suscripción infinita.
